Cuando llega el deseo
A veces resulta difícil poder controlar las emociones. Esto de ser una cazadora hace que todo lo vivas con una intensidad mayor de la normal y eso tiene su precio. Llevo unos días en los que es difícil salir de casa porque estoy en lo que yo denomino "estado de celo". Es esos momentos en los que cualquier chico que te encuentras te parece atractivo, lo suficiente como para estamparle contra la pared y dar rienda suelta a unos deseos que son más físicos que de otro tipo.
Sin embargo, Giles me ha condenado a un encierro en el que tengo que tratar de encontrarme conmigo misma, tengo que filosofar y realizar mucha meditación. El problema es que esto de darle vueltas a la cabeza está haciendo que los deseos de mi cuerpo se incrementen. Supongo que la pared será la que pague las consecuencias y terminará con un par de golpes con los que yo consiga apaciguarme un poco y ella quede mucho más decorada.
No tengo ni idea de cómo lo hacían el resto de cazadoras, aunque supongo que a Buffy, teniendo a Spike cerca, las cosas le resultaban mucho más fáciles. Resultaría gracioso proponérselo a Giles. Quizás me deje salir a buscar a un vampiro que vaya con los buenos pero que sepa dejar esa bondad de lado en ciertas ocasiones. Nosotros tendríamos un aliado más en nuestras filas y yo tendría a alguien que me diera calor en la cama. Aunque el frío forme parte de su estado natural no significa que la temperatura no se pueda subir de otras maneras.

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