Dos cazadoras y un destino

Un diario en el que dos cazadoras escriben sus vivencias. Un punto de vista personal sobre lo que pasa por la mente de dos personas que son diferentes al resto, aunque tienen los mismos miedos e inquietudes.

Nombre: Isabel
Ubicación: Spain

miércoles, agosto 31, 2005

Reviviendo recuerdos

Estar sin B sigue siendo duro. La caza parece que se ha detenido, supongo que hasta los vampiros piensan que hace demasiado calor para salir y se conforman con comer lo que puede. Esta calma me está matando, aunque en el fondo no deseo que llegue la acción. Al menos, hoy no. En medio de este aburrimiento me he dedicado a registrar los cajones de mi nuevo vigilante. Me gusta menos que Giles, porque lo único que hace es mandarme que entrene y estudie y eso es un auténtico rollo. En fin, en medio de un manojo de papeles he encontrado una cartita de lo más interesante. Supongo que sería de la cazadora anterior, pero ciertamente, esto de saber que no soy la única que está sola resulta un tanto reconfortante y desconcertante porque puede que signifique que estamos todas condenadas a pasar el resto de nuestras vidas solas, sin conocer el amor o condenadas a tener la tentación delante sin poder caer en ella. Voy a añadir un fragmento de la carta, por si alguien decide que los diarios de las cazadoras puedan llegar a ser tan interesantes como los de los vigilantes.

He decidido odiarte porque cuesta menos trabajo que seguir queriéndote,
porque gastaré menos energías que tratando de entender por qué no puedes ver la realidad del mismo modo que yo. Sé que acordamos que esto sería lo más fácil para los dos pero creo que de mis labios salieron palabras que en realidad no sentía y que complicaron aún más la situación. Sé que te quiero, porque mi piel busca cada minuto el contacto con la tuya, porque cada minuto que no estás a mi lado es un minuto que siento que estoy perdiendo de vida y cada nimia cosa que hago contigo se convierte en un mundo. Pero no quiero que sea así.
He decidido odiarte porque estás jugando conmigo, sin quererlo ni pretenderlo probablemente; porque no soporto la idea de tenerte casi a mi lado. He decidido odiarte porque has hecho que rompiera una promesa que me hice hace tiempo y que se había constituído en inquebrantable, porque lograste que volviera a llorar por ti. Y esas cosas duelen. Porque cada lágrima que he derramado por ti es un pedacito del muro que construí a mi alrededor que se derrumbaba y ahora mi fragilidad queda expuesta y no tengo nada en lo que esconderme y con lo que protegerme.
Has vuelto a hacerme sentir y ahora eres incapaz de darme la felicidad completa y por eso he decidido odiarte. Sé que me va a costar mantener esta decisión porque una sola sonrisa tuya logra hacer que mi voluntad se quiebre y quede expuesta a tus deseos. Sólo necesito escuchar una palabra de tus labios para ser tuya pero dudo que tú te hayas dado cuenta del poder que ejerces sobre mí. Es una pasión que se está volviendo enfermiza y que sé que me va a hacer sufrir y por ello, he decidido ponerle remedio cuanto antes.
Odio tus sonrisas, tus miradas, tus abrazos, el contacto de tus dedos rozando los míos. Odio tus palabras, que me entiendas mejor que nadie y que aún así no seas capaz de comprender que a veces el riesgo merece la pena. No voy a jugármela porque sé que sabes que soy tuya y cuando te sientas preparado para dar el paso lo darás. Pero quizás entonces sea demasiado tarde para que ninguno de los dos podamos ser todo lo felices que deberíamos.