Dimito
Ya no puedo más. Lo he intentado, lo prometo pero no puedo seguir así. Siento que todo me supera, que las tareas son demasiado para mí y, aunque he intentado cambiar de actitud, de pensamiento, todo ha sido inútil.
Sé que debería hablarlo con alguien, aunque sea con mi vigilante pero las cosas no están ahora demasiado bien entre nosotros. Él está demasiado ocupado hablando con los del Consejo y no me siento con las fuerzas necesarias como para enfrentarme a él. Sé que si le digo lo que me pasa me dirá que son tonterías, que no tengo ningún tipo de razón para pensar así y que lo único que tengo que hacer es centrarme más en mi trabajo.
Últimamente me siento poco importante. No sé si será el excesivo número de cazadoras, que hace que una ya no se sienta especial por ser la elegida, o el tiempo de esta angustiosa ciudad. Pero me siento la última de la lista.
Creo que la mejor solución sería que dejase que uno de esos malditos colmillos me diera un buen mordisco, pero tampoco me apetece rendirme. Las ganas de no rendirme ante ellos es lo único que me da un poco de fuerza pero no sé si va a durar mucho. Quizás la solución está en poner fin yo misma al problema, porque, al fin y al cabo, yo soy el problema. Eso supondría una cierta reorganización dentro del Consejo pero estoy segura que no duraría mucho tiempo el jaleo y todos tendríamos paz.
Yo pensaba que estas cosas pasarían. Desde que apareció el luz blanca de nuevo, las cosas parecían tomar otro color. Pero, de pronto, él vuelve y todo se me cae encima. ¿Por qué me siento tan inútil cuando él está cerca? Le odio. Me hizo sentir como si no fuera nada, como si no supiera nada. Volví a ser un cero a la izquierda y lo peor de todo es que, por mucho que él lo hiciera a modo de broma, esas cosas duelen y, teniendo en cuenta cuál era mi estado, no sé cuánto tiempo más me va a costar superarlo.
Por ahora lo único que hago es llorar cuando nadie me oye ni puede verme. Me estoy convirtiendo en parte de las sombras y puede que, en algún momento, lleguen a absorberme.
Ya no puedo más. Todas las palabras me suenan falsas y me agotan. Me cierro, estoy construyéndome muros a mi alrededor y, a pesar de que mi vigilante dice que eso me ayudará a concentrarme más, yo creo que me está haciendo más débil.
Pensamientos incoherentes escritos en un momento de desesperación y ofuscación mental. Ahora me vuelvo al entrenamiento. Quizás la violencia logre volver a recuperarme.
